Foto cabecera

PastorOvejas Atardecer en Tierra de Campos, Palencia, España. (A.Mª.F.)





CRÓNICA MENUDA DE UN GRANERO Y UNA JOYA



                             
                       Embrumadas por la burocracia, duermen y despiertan a veces historias mínimas que en un visto y no visto sólo dejan una leve señal en el aire y en ocasiones ni eso. De un día para otro pasas por el mismo paisaje y algo que no acertarías a explicar qué es, lo ha cambiado. Casi siempre para mal.

                        Pero a veces...

                        Veamos la pequeña crónica de algo muy importante
                               

Así, limpios sus muros, amanecía la iglesia Basílica de San Hipólito el Real de Támara, Palencia,
 el 29 de Agosto de 2013 (Fotos A.Mª.F.)

El día anterior, a las 8 de la mañana llegaba la empresa que iba a derribar el granero ruinoso, pegado a los
muros de la iglesia, que durante buena parte del siglo XX había impedIdo contemplarla en toda su belleza. 

En primavera cubierta de verde, otras vista  de la ruina junto a la iglesia que tantos años ha costado eliminar 

Hasta éste último derribo, nunca había sido posible verla limpia y completa (A.Mª.F.)

  


LA BELLA DEL CAMINO

JOSEP Mª SUBIRACHS: EL PRIMER TREN



                          En 1936, un año después de fallecer Rudyard Kipling autor de Kim de la India, salía a la luz el libro póstumo del escritor inglés, Algo de mí mismo, desvelando una infancia gravemente infeliz por culpa del maltrato escolar que padeció hasta los dieciséis años y esa obra dejó perplejo a su círculo familiar y social. Nadie tenía conocimiento de tal experiencia ni de que lo hubiera marcado al extremo de no permitir su publicación hasta después de su muerte. Había vivido casi setenta años desde que pasó la amarga experiencia, recibió toda clase de honores incluido el Premio Nobel de Literatura y aún conservaba fresco en su mente el impacto de una niñez que le llevó a escribir en la primera página de aquellas memorias: -Dadme los primeros años de la vida de un niño y tendréis el resto.

Josep Mª Subirchas a los 6 años. (*)

Josep Mª Subirachs en su Primera Comunión. Tenía 9 años. (*)

  
 VULNERABILIDAD E INDEFENSIÓN

GAUDÍ. A PROPÓSITO DE LOS VITRALES DE VALLGORGUINA (3ª Y ÚLTIMA PARTE)


      
                        A principios del siglo XX, por esos pequeños valles y cañadas que serpentean entre los montes barceloneses del Montnegre y El Corredor, no sólo transitaban los árboles del Montseny tableados para la construcción de grandes barcos en los astilleros de Arenys de Mar, también se deslizaban silenciosos contrabandistas cargando su espalda con fardos de 25 kilos de tabaco, logrando ganar en una noche veinticinco pesetas en unos tiempos en que el jornal de sol a sol de un labrador no pasaba de cuatro pesetas. Hombres correosos acostumbrados al trabajo duro de un campo duro, transportaban su carga cruzando la sierra y esquivando a los carabineros y a los dueños de las masías en ese tramo de la ruta Francia-Barcelona.

                        Muchos de estos hombres dieron así el paso que va del peonaje sin futuro a ser dueños de una pequeña propiedad rural. No era el caso de los amos de Can Pujades, una heredad que ya se nombraba en el censo de 1362, propiedad de la familia Valls desde que uno del los cabalers Valls de la cercana Olzinellas tomó en matrimonio a la pubilla (1) de Can Mascaró, una de las emblemáticas masías que forman el conjunto de Can Pujadas.

                      De eso hace ya cuatro centurias, más o menos las que cumple el pozo de la finca, y los descendientes de esa misma saga Valls guardan un cofre de rica tradición oral que ha permitido el rescate documental de dos pequeñas obras de Antonio Gaudí.


El sacerdote Lluís Mª Valls i Riera (FamiliaValls)

El sacerdote jesuita Ramón Valls i Font, sobrino-nieto de Lluís Mª Valls, fue junto
a sus hermanos uno de los últimos propietarios de Can Pujades. Residía en Japón
desde 1957 y tuve comunicación con él a principios del 2000.
Falleció en el pasado abril a los 82 años.


EL VALLE CALIENTE

GAUDÍ. A PROPÓSITO DE LOS VITRALES DE VALLGORGUINA (2ª PARTE)


   
                

                           Josep  Francesc  Ráfols fue el primer biógrafo de Antonio Gaudí. Publicó la primera edición de su libro Gaudí en 1928, dos años después de la desaparición del maestro. En las últimas páginas, tras el pormenorizado informe de todas las obras e intervenciones que reseñaba a partir de la documentación encontrada en el estudio del arquitecto, bajo el epígrafe Obras de Antonio Gaudí, difíciles, hasta ahora, de datar, aparecía el añadido de ocho líneas apresuradas dejando constancia de otros trabajos seguramente menores, de los que no figuraban fechas y se desconocía en qué habían consistido exactamente ya que no existían imágenes.

                            La intuición de Ráfols al incluir el pequeño listado iba a resultar providencial para preservar la memoria de la obra gaudiniana. Ocho años después toda la documentación del arquitecto guardada en su despacho, más la que habían traído ya catalogada de su domicilio para confeccionar un único archivo, desapareció comida por las llamas del incendio provocado por unos incontrolados en la Sagrada Famillia el 20 de julio de 1936 (1).

                           En la tercera línea del listado, nueve palabras apuntaban lo que iba a tardar casi ochenta años en poderse hacer visible al público: Rosó i finestrals per a una capella de Vallgorguina (2).


Por las fechas en que según la memoria oral de la familia Valls, Gaudí les hacía entrega del rosetón para la capilla de Vallgorguina, se construía el Portal de la Fe de la Sagrada Familia con el mismo motivo, la mano con el Ojo de la Providencia.

Rosetón en la masía Can Pujades. 2002 (A.Mª.F.)

Portal de la Fe. Arriba en el centro a unos dos centímetros
 del borde superior, la mano con el Ojo de la Providencia.


FORZANDO AL DESTINO