Foto cabecera

IMGP4946 Músicos y bailarina del Institut del Teatre de Barcelona, actuando en un bus de la ciudad durante unas jornadas musicales. (A.Mª.F.)





FIN DE AÑO CON SABOR A BLUES


RELATO

Original de

Ana Mª Ferrin

RPI

                               
                               SERÍAN  las dos de la mañana cuando aterrizamos en aquel cabaret de Hamburgo donde en circunstancias normales jamás se nos habría ocurrido entrar.

    Ya su fachada de palmeras de neón en una carretera secundaria, hacia un feo pueblo industrial con los alrededores atestados de prostitución, no era precisamente el lugar que unos tranquilos padres de familia de viaje por el extranjero buscarían para ir a tomar una copa.

    Pero esa madrugada después de despedir 1994, los compañeros del Touristcamping teníamos el suficiente mosto en el cuerpo, de esa calidad que lo mismo sirve para beber que para desatascar cañerías, la cantidad justa que ni falta ni sobra para estar como un reloj. Así, entramos en el club Mein Geliebter Piraten donde un cartel rezaba Die spanische Nach o sea, La noche Española.  La reacción del grupo fue unánime:

-A ésto se le llama tener suerte…




GORGIAS EN EL CABARET



Publicado en Gaudí y Más.  27 de diciembre de 2014


                                ...Y allí, entre aquella raza de público portuario poco dudoso, que en ocasiones abre espacio para acomodar a los despistados que se atreven a entrar, o a los amantes de compañías peligrosas que buscan una noche excitante, sin saber en que grupo incluirnos, entramos.

     Atmósfera, la de los mejores tiempos golfos. Densa, para trocearla.

     La pista, polivalente. Baile y espectáculo. De muestrario.

   Mucho terciopelo rojo y dorados, multitud de flores, neón y palmerales de plástico. Un aire entre jungla y cementerio enmarcado por cortinajes y espejos, que si al decorador debió sugerirle algo tropical, a un latino le recordaba un coche de bomberos caribeño.

     Una esquina ofrecía su ondulante barra donde el catálogo de mujeres se encaramaba doblemente a los taburetes desde sus altos tacones. Mujeres y también hombres ofrecían su conversación junto a caricias apenas entrevistas en la oscuridad, sólo rota por los finos caños de polvorienta luz dirigidos hacia las mesas desde los focos del techo.

     Paseándose por el local, filtrando con su mirada las actitudes de los clientes, un elemento inquietante.

    -Ése debe ser el jefe. Y turco -aventuro un compañero, el enterado.
  
    -¿Cómo lo sabes?

     -Fíjate en sus ojos y en su cuerpo.
  
   No le faltaba razón al listo. Los ojos de serpiente de aquel individuo dejaban ver sus pupilas brillantes e inmóviles destacando, aún en la poca luz. La camiseta y el pantalón blancos, nacarados por las luces negras, mostraban bien claro que a pesar de que las canas hebraban sus largos cabellos morenos, no restaban fuerza a los músculos culturistas que deformaban el buen corte de la chaqueta negra de lino.

                              ¡Fuera luces! ¡Dentro focos!

                              Y empezaron las actuaciones.

  

     El presentador informaba de que el primer intérprete será Yabuka Oé, “el Zuquiqui”, cantante y guitarrista flamenco para sorpresa nuestra. Japonés, claro. Un metro cincuenta de estatura vestido de rojo con camisa blanca. Gesto solemne, dientes lobunos. Look a lo Bambino.

     Sin hablar una palabra de castellano, Yabuka Oé, “El Zuquiqui”, se había aprendido, o mejor, clonado, un disco entero de Serranito. Entero hasta en los jaleos.

   Así, él cierra los ojos y retuerce el gesto. Al tiempo, con su larga uña meñique rasguea la última cuerda de su guitarra desgranando cantes mientras agita su melena camarona.


«TÚ RONEAS PORQUE VALES,
SIENDO LA PIEDRA MÁS CHICA,
DE LA ACERA DE MI CALLE.
¡AHAHAHAHYYY!»


     Sentado, zapateando de derecha a izquierda, copia con sus botas la técnica de los maestros intentando transmitir pasión y es de admirar por ello. Pero nadie le informó allí en su Osaka natal, de que el duende es intransferible, porque a la técnica sin pasión le falta alma, es una cáscara hueca.

     Del mismo modo que él tampoco entendió que jalear al artista lo hace un acompañante, no el mismo protagonista.

     Pero como no se enteró ni hubo quien se lo explicara, con seria dignidad se iba arrancando a lo largo de la actuación con requiebros a sí mismo:

¡DATE ER GUSTITO PEPELUÍ!
¡TRIBILI TRAN, TRAN, TRERO,
AGUA DE MAYO,
FLOR DE ROMERO!
¡ARSA Y TOMA!
¡ÓLE MI GENTE!


    Así, paraba y hacía palillos perfectos de igual sonido que podría hacerlos uno de Sanlúcar de Barrameda. Con la diferencia de ser un copista, no un artista.

     Frío, frío, el público le premia con cuatro aplausos y vuelve a colocar las manos donde las tenía al principio, por lo general en lugares más acogedores. Algo así como después de saborear una comida china, que llena tu estómago mientras estás en ello, pero que rápidamente te dejará con el cuerpo -y el corazón-, vacío.

    Una música sugerente sirve de fondo para que el presentador anuncie que van a producirse ¡Seis Striptis, seis!

     El primero lo describe con un juego de palabras, afortunadamente para mi, en francés. Nos informa de que el primer cuadro erótico que vamos a presenciar desmiente el dicho de que la cara es el espejo del arma.

     No, no me he equivocado. He escrito a-r-m-a. Porque un arma de calibre Mágnum ha presentado ante nuestros ojos el esquelético pelirrojo vestido de noble renacentista, un tipo que a medida que iba despojándose de sus ropajes se iba quedando en nada, a excepción de esa parte de su anatomía que por sí sola, de haberle puesto una bombilla y una pantalla hubiera podido iluminar el local entero. Lo que son las cosas. Vestido, daban ganas de invitarlo a un potaje y sin embargo resultó que estaba magníficamente alimentado.

     Le sigue una rubia con la constitución que se espera de quien va  vestida con pieles vikingas. Al ritmo de unos cuernos de caza se mueve pesadamente, sin concederle a la cosa más interés que si se encontrara rellenando un formulario de Hacienda.

     Casi se agradece el final del baile, sin sospechar que los tres siguientes con variaciones indias, sado, y una medieval adormilante, van a dejarnos con fatiga muscular por el aburrimiento feroz.

     Ya para entonces cada mochuelo ha vuelto a su olivo y está atento a su lombriz. De veras, sacar adelante un strip con ingenio que despierte el interés es un arte dificilísimo.



...mirando el blanco escote de la morena italiana...
   
                                 Acabada la serie, con una bata por encima la joven que acababa de cocernos con su número medieval se nos acerca:

     -¿Sois españoles? -nos pregunta en castellano- Yo soy de Catanzaro, en Calabria. No, no estoy aquí por el arte ni por el dinero. Por vicio puede que sí.

     Se ríe con ganas echando la cabeza hacia atrás. Mientras sacude el negro cabello ondulado y dos hoyuelos enmarcan su boca, continúa:

     -Gracias, gracias, mi español no es malo, no. Estuve dos años estudiando en Salamanca. ¿Qué pasó? Pues que al acabar 4º de filosofía en Berlin, me di cuenta de que estaba hasta el c... de los filósofos y decidí darme un año sabático. Por el momento estoy aquí, el año que viene Dios dirá. Soy Bianca Pamperla -se presentó ofreciendo una mano blanda y blanca.

     Juan, uno de nuestros compañeros con un colocón impresionante, se queda mirando fijamente el blanco escote de la morena italiana, espectacular, y le pregunta con lengua de trapo:

      -¿Qué tú has estudiado filosofía? No me digas. A ver, dime en que se diferencia Heráclito de la escuela de Mileto. O mejor. ¿Cómo llega Gorgias a la negación del ser?

     Como si le hubieran hecho la pregunta más sencilla del mundo, y ante la sorpresa del grupo juerguista que no tiene la más mínima noción del tema, la cabaretera calabresa acoda el brazo derecho en la mesa después de apartar un par de vasos grasientos por antiguas huellas de dedos y carmín, enciende un cigarrillo, le pregunta el nombre a su interlocutor y suelta, mirando al grupo:

     -Gorgias sostiene que cuando hablamos del no-ser aunque sea como concepto, lo pensamos existente; pero si al no-ser lo consideramos existente, podemos decir que tanto el ser como el no-ser, son, lo cual es una contradicción –frunce los labios y suelta unas volutas, toma aire y continúa-. Por otra parte, si admitimos que el ser es, o sería eterno o engendrado. Entonces. Si decimos que es eterno no habría cabida para él en ningún lugar, pues si es eterno es infinito y, ¿cómo lo infinito puede situarse en lo finito? Y si admitimos que es engendrado, procede del no-ser y entonces el no-ser es el fundamento de lo que es. Ambas posturas encierran en sí una contradicción y una conclusión: Si el ser y el no-ser son, nada existe. Y ahora, dime, Juan: ¿Tú que opinas?

     La plancha ha sido gloriosa. Juan se la queda mirando sin parpadear y se levanta tambaleante:

     -Opino que me voy a cagar.

   
     
                               El punto fuerte del cabaret es el presentador de boca pulposa que sirve de argamasa a las piezas del puzzle para ensamblar un todo. Lástima del idioma alemán. Lástima para mí, claro, que no lo descifro. El local está resultando una de esas burbujas que el viajero encuentra cuando intenta arrancarle su corteza a la ciudad, descubrir sus secretos. La mezcla atrayente de puterío, gays, ojos con brillo químico y arte, flota en un líquido común mezcla de soledad y curiosidad.

     Se apagan de nuevo los reflectores y en el claroscuro del escenario, sin presentaciones asoma un instrumento de cuerda, un bajo, que al paso empieza a desgranar las notas pinceladas de un blues.

     Lo pulsa un individuo veinteañero con jersey de color indeterminado y pantalón a juego. Su gesto no creo que hubiera variado mucho de haber entrado en el local la reina de Inglaterra con todo su séquito. Toca desde dentro y desde ese plano interior da el contrapunto moviendo lentamente su cabeza ondulada bien peinada. Las gafas en su rostro hipster acaban de darle el toque intimista.

     Los clientes distraídos que han girado la vista ya la han dejado fija al ver que otro componente del conjunto, un pianista vestido de gris marengo con larga coleta rizada ataca con furia las teclas y para en seco levantándose y quitándose la chaqueta que coarta sus movimientos. Son sólo dos músicos, pero allí hay mucho dentro, aquello promete.

   Aparece la cabeza de cabellos volátiles del tercer miembro, un guitarra larguirucho, flaco, chaqueta de mezcla que ha conocido tiempos mejores, con un faldón arremangado por el cuerpo de la guitarra. Los dedos de ambas manos juegan con cuerdas y trastes arrancando sonidos puros y rápidos. Vamos bien.

     El batería que cierra el cuarteto entra como un vendaval. Antes de sentarse, su humanidad ya ha aporreado un par de tambores y ha hecho saltar los palillos. Su cabeza de rizos salvajes que no saben de gomina se agita al compás de piano y guitarras con una risa que lucha por destacar entre la barba. Lleva una camisa de rayas que se parece sospechosamente a un pijama. Con ese detalle, la duda de si es verdad que los músicos siempre están preparados para cualquier emergencia adquiere un toque de certeza.

     Una vez conjuntados se van produciendo duelos. Entre el bajo y el piano. La batería con la guitarra. Y por fin, el pianista con el guitarra. Éste, con sonrisa monalisera se le acerca apuntándole con el traste, acelerando el ritmo. El piano le contesta clavando más y más los dedos, recorriendo el teclado haciendo aparecer por el escenario, fraseándolo, el espíritu de Gerswing encarnándose en la diablura de una cuerdas.

     Se monta un desafío de ésos que salen directamente de las tripas y que habría que premiarlo cobrándoles a los músicos más que pagándoles, por el disfrute evidente de los cuatro artistas. El batería cierra con un potente solo que hubiera dado tiempo a leerse El País con sus dos  suplementos dominicales incluidos.

     Ya para entonces el público balancea rítmicamente la cabeza en un mismo compás, sus pies puntean el suelo y los dedos pulgar y corazón consiguen el color.

      El buen feeling reina en el local y se diría que todos, hasta las chicas de la barra, han cambiado de talante. Una buena dosis de música, cuando es auténtica, debería ofrecerse con receta médica.

     El presentador, ahora sí, despide:

A la batería: SANTI ARISA
Al piano: JOSEP MAS “KITFLUS”
Al bajo: RAFAEL ESCOTÉ
A la guitarra: MAX SUNYER.


Ladies and gentlemans: ¡PEGASUS!


     Nadie de los que aquella noche sentimos su música olvidaremos el olor mediterráneo de múltiples raíces, música de frontera en tierra de nadie.

     Los intérpretes desaparecen, y vuelven. Les piden un bis, otro, otro, pero la hora es la hora y aún faltan actuaciones. Con precisión germánica se respetan los tiempos. Hay un espacio para cada número y llega sin pausa el siguiente.

     La noche está siendo prodiga en sensaciones.

     Así han podido coincidir sobre un mismo escenario un copista japonés al que no faltan conocimientos ni un buen oído pero, como escribiera Buenaventura Carles Aribau: …D’arbre migrat a terres apartades, son gust perdent los fruits e son perfum les flors (*). Así y todo, esa falta, ese matiz, la verdad es que a cualquiera nacido más allá de los Pirineos no le hará mover una ceja.

     En el mismo cesto podrían meterse los seis seudobailarines transmutados en stripers que hoy han subido un escalón, el suficiente para apartarlos unos minutos de las manos de los clientes.

     Aparte ha brillado la categoría de unos músicos en su rodaje primerizo, el que les va a enseñar a qué sabe el humo de una cava y a que huele la bebida del solitario. Ha sido la puesta a punto de un cuarteto que consigue hacer presente el espíritu de los grandes. Django, Coltrane, Ellington, Armstrong. Más sus propias creaciones y variaciones rompiendo las fronteras entre el jazz y blues, bossa-nova y flamenco. Una parte del alfa y omega del espectáculo, la más atrayente, la del nacimiento de una estrella.

     De nuevo se esconde la luz y en la penumbra de las tablas se colocan sin presentaciones dos siluetas compactas, que resultan al iluminarse dos respetables damas que ya no cumplirán los sesenta, ataviadas de goyescas. Hasta ahora lo mínimo que se podría decir sobre el director artístico del local es que le va lo exótico. El estupor de los clientes da paso a un carcajeo que va subiendo en intensidad e impide oír con nitidez los primeros compases del pasodoble Islas Canarias y obliga al técnico a elevar el sonido.

     Indiferentes a la reacción del público, diríase que ya acostumbradas a este tipo de recibimiento, empiezan la actuación.

     Suavemente al principio, subiendo poco a poco de tono el repiqueteo, una de ellas comienza a tocar las castañuelas con maestría apabullante y la segunda rompe a cantar con una voz potente y clara, mezcla de Pasión Vega y Mónica Naranjo:

       -¡Jardín de belleza sin par...!

       Pero, por algo estamos en una tierra con un especial sentido musical. Las risas cesan, las voces se aflojan hasta desaparecer, los arrullos se paralizan y las cabezas se mueven hasta enfocar a las dos artistas que de un golpe han monopolizado la atención. Respeto.

      -¡El mundo tiene una Europa...!  ¡Europa tiene una España!

      La voz sigue desplegándose preciosa, cristalina, profunda, apasionada...y ya no existe nada más en la sala. Sobra todo lo que no sean las dos grandes sin nombre.

     - Y España tiene un jardín ¡Que son mis Islas Canarias!

     -¡Ay, Canarias cómo te siento...!

     Y yo, siento una combustión correr por mi espalda y me agarroto en el asiento envuelta por la magia de unas castañuelas.

     Echo un vistazo y todos están como yo. Los camareros, los espectadores, los músicos...

    -¡Cuándo llegará el dulce momento, de besar la tierra en que nací!

       
     Fin. 

    Sucede algo curioso. Desde los borrachos a la señora del guardarropa que ha salido a escucharlas, nadie ha reaccionado con presteza al final de la actuación.

     Quizá porque allá arriba ya no están las dos rotundas veteranas que desataron la burla con su llegada. Un divino milagro ha sido el detonante para que levantándonos, aquel mosaico de gentes sin identidad común nos hayamos unido en una ovación rasgada de bravos.

      Fábula maravillosa y desenfrenada consistente en un don, que ni los años, ni las arrugas, ni las cicatrices de mil batallas conseguirán sumergir jamás. Ambicioso viaje visual y sonoro con la sensibilidad como único guía ancestral en el que las etiquetas sirven de muy poca cosa, lejos de la postal turística del marketing y cerca del corazón. Eso que rebosa el cauce lógico del Arte y crece, y crece, capaz de hacerte oír en las venas el galope de tu propia sangre. Su nombre: Talento.

                                        
Ana Mª Ferrin

(*) Traducción al castellano del mallorquín original:
 «Del árbol emigrado a tierras apartadas/ su gusto pierden los frutos/ y su perfume las flores»

10 comentarios:

  1. En España, si una corista, striper o similar te da una disertación filosófica no es porque haya estudiado en la Autónoma sino porque te empieza a hacer efecto el cubata de garrafón que te pusieron. Luego vendrá el dolor de cabeza.
    Muy buena la descripción de los músicos dándolo todo, como debe ser.
    Un saludo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. No me sorprende que un señor historiador como tú sea capaz de explicar tan bien los efectos del cubata de garrafón. Cómo se nota que te has documentado a fondo. En los libros, claro.

      Te deseo que en el 2015 sigas disfrutando con la Historia. Y haciéndonos disfrutar.

      Eliminar
  2. Es como una perfecta gala de fin de año, variadita y para todos los gustos, donde casi nada resultó ser lo que parecía.
    Un saludo y que tenga una muy feliz despedida de año y entrada del nuevo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ésta es la versión ligth.
      Otro día la ampliaremos.

      Saludos y mi deseo de que nos reencontremos el próximo 2015 compartiendo espacio.

      Eliminar
  3. Excelente y original entrada al nuevo año 2015. Espero que los 365 días sean tan maravillosos y productivos como te mereces, Ana.
    Un besazo.
    P.D. Un achuchón al peludo, que estará enorme

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. A ver que nos depara el nuevo calendario. Algo movidito, seguro. De nuestra tierra podrá decirse mucho, pero nunca que nos aburrimos por falta de acción.

      Un beso y Feliz Año Nuevo. El peluche te envía un gruñido de esos que lanza cuando está feliz.

      Eliminar
  4. Impactante. ¡Vaya noche! Con frecuencia, es habitual en este tipo de locales y sus actuaciones que se pretenda contentar a todo tipo de clientes. Ello supone la existencia de teloneros que suministran material de segunda para resaltar a los verdaderos artistas. Creo que de entre los que describes con tanta lucidez y perfección los músicos de ese, siempre normal, enfrentamiento al interpretar su especial jazz/blues son los pequeños reyes de un final apoteósico por su perfección sonora, mezclada con una pizca de picante morriña, inusitada en estas lejanas tierras e interpretada por estas peculiares cantantes. Tu relato, Anamaría, es generosa en detalles, potente en su descarnada realidad y extraño por las circunstancias de saltan de un asombro físico a otro filosófico, de una vida insólita a unas ganas de cambio continuo. Posiblemente, mañana ya no amanecerá para los protagonistas con la monotonía habitual.

    Aprovecho la ocasión para desearte

    ¡UN AÑO 2015 PLENO DE ARMONÍA, FANTASÍA, SUEÑOS Y PAZ, JUNTO A TODOS TUS SERES QUERIDOS!

    Un inmenso abrazo, querida Anamaría.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. En una época dimos unas cuantas vueltas por ahí y estás en lo cierto, encontramos artistas de todo tipo que te hacían pensar qué les habría hecho llegar hasta allí.
      Ahora mismo me acuerdo de un cantante hará unos 25 años en una ciudad cubana que era soberbio, como para estar en el Olimpia de París. El local era de lo más ínfimo pero aún allí el artista brillaba como el oro, tenía una clase y un talento deslumbrantes. Luego nos enteramos de que había estado preso unos años sólo por ser homosexual, y aún había tenido suerte de salir vivo, por las vejaciones y torturas que había pasado. En todas partes cada uno arrastra su historia.

      Querido amigo, que el próximo 2015 os llene de felicidad a ti y los tuyos.

      Eliminar
  5. Ja, ja, ja. Nunca se puede saber qué esconde una bailarina italina. Muy europeo el relato, con seres de cada rincón del continente y, sobre todo, muy divertido.
    Feliz 2015.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias por la visita y tus palabras.
      Sobre todo eso de que ves mi relato “europeo”, que me ha descolocao.
      Felicidades para ti y los tuyos.

      Eliminar