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copia ¡VACACIONES! (M.M.Freitas)





( 2ª ) PERE CÁNOVAS. ÚNICO ARTISTA RELACIONADO CON ANTONIO GAUDÍ EN CINCO OBRAS


Continúa...  

                              
                      De pie sobre el estrado en el patio del Ayuntamiento de Nou Barris (*), en Barcelona, Pere Cánovas Aparicio guardó unos instantes de emocionado silencio recorriendo con la vista a los vecinos que el día 16 de mayo de 2014 habían acudido a escucharle pronunciar el Pregón de las Fiestas
                                 
                           Sentada entre el público comprobé que todos lo observaban con simpatía. Mira que es difícil ser profeta en tu tierra, pues aquella tarde me quedó claro que Cánovas lo es. A mi alrededor, quedos, se escuchaban los comentarios: -Ha hecho las vidrieras del Tibidabo y la Catedral -decía un vecino medio tapándose, con sordinaEs vecino mío desde hace lo menos cuarenta años... -Y tanto -decía otra asistente-Era amigo de mi marido de jóvenes y cuando nació mi hijo que tiene cincuenta, vino a verlo... Ojeé mis notas y vi que esos comentarios podían ser ciertos. Cánovas lleva viviendo en la misma casa del mismo barrio desde 1948, cuando tenía 18 años. Allí se casó, en la iglesia de Santa Engracia, donde ha dejado una buena muestra de su creatividad. 

                         Viendo la concentración del protagonista era evidente que en el corto silencio que precedió al parlamento, toda su vida estaba pasando a gran velocidad por su mente. Por las cercanías de donde estábamos había transcurrido su juventud, bailando en el Casinet de la calle Amílcar y en el Calixtus de la avenida Meridiana, en los merenderos... 

                     - ¿De qué tratará el Pregón?-, le pregunté poco antes de empezar.

                       - Les hablaré de una Barcelona que nunca aparece en la Historia. Del Arte y de mi abuelo Antonio, que tenía colgado un cinturón detrás de la puerta. Cada uno por su lado, entre los dos me llevaron por el camino correcto... 

                           Subió a la tarima y yo me volví hacia el público para ver los rostros de los asistentes. De antemano, ya estaban entregados.
                            

Sentado en compañía del Conseller de Cultura del Distrito de Nou Barris, en espera de dar comienzo al Pregón.
A la der, Pere Cánovas, a la iz. Santi Borrull. 2014 (A.Mª.F.)

Durante su parlamento, Pere Cánovas desgranando sus recuerdos. 2014 (A.Mª.F.)

Tras sus palabras, varios representantes de organizaciones municipales y vecinales lo
felicitaron. Tras él en el balcón del Ayuntamiento, la reproducción de un vitral. 2014 (A.Mª.F.)


Una imagen de la fachada del Ayuntamiento de Nou Barris engalanada para las fiestas. 2014. (A.Mª.F.)



DE LA SOMBRA A LA LUZ


Publicado en Gaudí y Más. 28 de Junio de 2014

                 
                         A inicios de 1947 se juntaron un ramillete de tres primeras intervenciones en otras tantas iglesias y Cánovas recuerda que los tres espacios tenían algo que los unía. Se trataba del estado en que se encontraban, después de haber sufrido esa costumbre de destrozar, saquear e incendiar las iglesias y conventos de esta tierra cada vez que se producía (por favor, en pasado) una revuelta. Una situación tradicionalmente dirigida hacia los lugares sacros, tan indefensos como los religiosos que los habitaban, y los músicos y fieles que se encontraban en su interior, víctimas fáciles por no estar acostumbrados a emplear la violencia.

                        Las iglesias iban a conformar el grueso de los primeros trabajos de Cánovas al crearse el Plan Estatal para la recuperación de los templos. A esa actividad se dedicaba la empresa Meseguer, donde Pere había empezado a trabajar en 1947 por 75 pesetas semanales.    

                        Cuenta Cánovas que un día, rememorando sus intervenciones en las cinco obras de Antonio Gaudí le llegaron las chispas que podrían encabezar su crónica de esas experiencias. Dicho y hecho, tomó el lápiz y con la rapidez y el pulso que siempre ha tenido esbozó a modo de viñetas la impronta visual que le había dejado cada una de ellas.
        
          
                         Primera.

                        Su encuentro con Gaudí se produjo en la Parroquia de San Paciano en la calle de les Monges junto al Paseo de Fabra i Puig. Igual que le sucedió a Cánovas, aquí comenzó la carrera del arquitecto, aún estudiante, en esta obra de su profesor Joan Torras Guardiola donde construyó un bello mosaico de inspiración grecolatina, más lámparas, más una serie de elementos decorativos. En ese mismo lugar, con diecisiete años, Cánovas conoció lo que es el miedo al tener que trepar por el precario andamio que habían montado para la restauración. Los 27 metros de alto lo aterrorizaban con su bamboleo de tubo y tablas, provocando una inestabilidad de susto para el adolescente mientras cubría el hollín de aquellas bóvedas con una brocha enorme, redonda, goteando la densa mezcla a base de colas y cemento Portland llamada Moncadíhasta el punto de pasar horas y horas sin atreverse a bajar para cumplir sus necesidades más elementales. Aquel trabajo fue básicamente de limpieza, más una correcta pintura en tonos salmón y paja alegrada con unas cenefas entre el techo y las paredes. 



Así recordaba el artista su primera incursión en un templo, el de San Paciano
en 1947 cuando contaba 17 años. Con un terror a las alturas. Abajo a la
derecha, su amigo Doménech Giró hablándole desde abajo 2014 (P.C.) 

La iglesia de San Paciano en la actualidad. Detalle del mosaico. (viajeros.minube.com/evapm)

Otra vista de San Paciano donde se aprecia la altura de la bóveda. (blocs.xtec.cat/)
                               
                      Segunda.

                      Pere Cánovas llegó para trabajar en la cripta de la Sagrada Familia en 1947. Fue uno de los escasos profesionales que participaron por entonces en las obras del templo, cuya construcción había ido ralentizándose desde la muerte de Antonio Gaudí hasta parar por completo los tres años de la Guerra Civil1936-1939. Al llegar la paz, en lo menos que pensaban los habitantes de Barcelona viviendo la feroz escasez de la posguerra era en donaciones para la continuación de aquellas obras. En esas circunstancias, paralizada su única financiación, fue gracias a unos pequeños ahorros que la Junta de Obras había depositado en Londres antes de la guerra que se pudieron empezar unos tímidos trabajos de recuperación. Volviendo a los tiempos precarios de Gaudí, el arquitecto que había sido su colaborador desde 1919, Francesc de Paula Quintana, empezó a recomponer las maquetas hechas por Gaudí, destrozadas, sobre las que basar la continuación del templo. Además, tras sanear la cripta retirando las ruinas del incendio, inició la lenta tarea de reconstruir las partes dañadas de la cripta. 

                          Allí fue enviado Cánovas por su jefe Meseguer con una sola orden de trabajo: -Ves allí y pinta los cristales. La impresión del escenario quedó fijada en los ojos del adolescente. Aquello era de una tristeza tremenda, tenía el aire de un cementerio abandonado porque más que una cripta parecía la sala olvidada de un panteón. Accedió a las escaleras esquivando piedras y montones de tierra y cascotes. Entre polvo y telarañas, gatos y niños correteando por allí y hasta un sacerdote italiano que se acercó a conversar con él, Cánovas empezó a colorear en frío con óxidos y nitratos los sencillos cristales que se habían colocado en las ventanas que dan al foso.

                        El día que tratamos este episodio, el artista aprovechó para explicarme algo del enciclopédico conocimiento que ha reunido desde que entró en el mundo del vitral, un Bello Arte con múltiples apartados. De la experiencia a la sapiencia, en unos pocos datos. Empezando por la gama de colores, ya que hoy Cánovas es capaz de poner de memoria a cada pieza el número de un color, del 1 al 100, saltando del 56 al 60, del 80 al 90, sabiendo cuál habrá de diluir y cuáles mezclar para hacer única cada pieza de una vidriera. Piezas que no han de sobrepasar los 20 cms y que deberán cocerse a 610 ºC para que el color adquiera un fijado perfecto. Y algo muy importante que nunca deberá olvidar el vitralista. Para llegar a ser un maestro, nunca podrá dejar nada al azar, todos los pasos deberán ser realizados bajo su control hasta el más nimio detalle. Sólo se relajará cuando la vidriera descanse, ya colocada, en su ventanal.

                        
En sus recuerdos de la restauración, así aparece para Pere Cánovas el
escenario en que se desenvolvió su trabajo en la Sagrada Familia de
1947. Polvo, cascotes, gatos, telarañas, acompañaron aquellos días al
futuro maestro vitralista mientras pintaba los cristales de la cripta.  

Estado de la cripta de la Sagrada Familia tras los destrozos de 1936

Capilla de Ntra. Sra. del Carmen con la tumba de Gaudí. (tourtrans.ru)


La cripta de la Sagrada Familia. (magirona.org)

El arquitecto Francesc de Paula Quintana, colaborador de Gaudí. A partir de
1944 reorganizó las obras de la Sagrada Familia y rescató los fragmentos
de las maquetas de Gaudí que habían sido destrozadas. A la muerte de
Doménech Sugranyes continuó con la dirección de las obras.
  




Dos imágenes de una maqueta de Gaudí, en fragmentos y reconstruida por Francesc
de Paula Quintana.
                     
                             Tercera  
                     
                            La siguiente experiencia gaudiniana de Cánovas en 1948 con la empresa Meseguer, guardaría en su memoria situaciones y escenarios insólitos. Era el Colegio Teresiano (1888-18898). Esta obra de Gaudí, que no empezó (el proyecto inicial era de Juan Bautista Pons Trabal) y tampoco terminó (la capilla la construyó Gabriel Borrell Cardona), le sirvió a nuestro artista Cánovas como una ampliación de sus conocimientos técnicos de restauración y sus primeras experiencias con el dibujo en un lugar público. Otras dos anécdotas de ese tiempo, mínimas pero curiosas, fueron los partidos de fútbol que disfrutaba el equipo durante el corto espacio de la comida, en el jardín proyectado por Gaudí. Y la escatológica, de cómo sustituyeron la cerveza necesaria para diluir cierto barniz que debían aplicar a una viga que sujetaba el coro, cuando el jefe olvidó dejar dinero para la compra. En aquellos años de penuria en que nadie llevaba una moneda en el bolsillo, los empleados de la Casa Meseguer descubrieron cómo la propia orina cumplía muy bien de sustituto. Años después, contándole la experiencia a la superiora, madre Pepa, la monja se reía con ganas pensando en aquellos adolescentes prisioneros durante horas en las alturas, aguzando la astucia para lograr terminar el trabajo y cobrar su salario.



El Colegio Teresiano de Barcelona en la calle Ganduxer nº 85. (structurae.net)

En esta crónica gráfica, Cánovas rememora los partidos de fútbol que jugaba
con sus compañeros en el jardín del Colegio Teresiano de la calle Ganduxer.


                                                 
Continúa...

Ana Mª Ferrin

        (*) A pesar de llamarse Nou (nueve) Barris, actualmente el distrito engloba trece barrios: Vilapicina i la Torre Llobeta, Porta, Turó de la Peira, La Peguera, Guineueta, Canyelles, Les Roquetas, Verdún, La Prosperitat La Trinitat Nova, Torre Baró, Ciutat Meridiana y Vallbona.






6 comentarios:

  1. Estupendas anécdotas de un artista para muchos desconocido.. La orina siempre ha sido un magnífico aliado en situaciones de apuro como disolvente, anticongelante o cicatrizante. Lo único que los que se han visto obligados a usarla han sido empujados más por la necesidad que por otras razones.
    Un saludo.

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    1. En este caso sabemos que el problema era precisamente ese, la falta de dinero.
      Que trabajes mucho.

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  2. Me han encantado sus recuerdos gráficos, desde aquél que rememora su etapa de escalador temeroso hasta el último, de futbolista, en los jardines del colegio Teresiano.
    Un saludo.

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    1. Como decía el mismo Cánovas en la entrada anterior, el que sabe, sabe. Y si además se tiene gracia, mucho mejor, como verá en la 3ª entrega. Espero que también le interese. Saludos.

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  3. Interesante lección la del señor Cànovas en su forma de ir alcanzando metas vestido de verdad. Me quito el sombrero.

    Como siempre una forma reflexiva de presentar a un personaje..
    Sin más comentarios.. Un abrazo, amiga Ana

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    1. Otro para ti, querida María.
      Lo cierto es que en pleno siglo XXI sigue habiendo renacentistas puros que igual te dibujan un chiste que te pintan un mural o levantan una capilla de vidrio. Y siempre sin perder su propio sello.

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