Foto cabecera

Compagnia-Mvula-Sungani-ph.-Antonio-Agostini Compañía de Danza Mvula-Sungani. Roma. (Antonio Agostini)





ART LAND: LA INVOLUNTARIA BELLEZA DE LO NATURAL


                       
                             Solemos ser  espectadores de la naturaleza, pero, ¿Que tal si probamos a convertirnos en arquitectos de lo que vemos, a ser partícipes del resultado final del paisaje? En España, aunque sin modificarlo de manera permanente la Tierra lo hace cada Navidad, engalana sus bosques justo para esos días y después desmonta el decorado para crear nuevos escenarios en la primavera.


El alegre fruto del acebo pasa del verde al blanco y al rosado para llegar al
rojo en Navidades y darle color a nuestras fiestas. Un auténtico Land Art natural


   EN NAVIDAD, EL ARTE DE LA TIERRA

SUBIRACHS. VIDA Y OBRA


Dossier de Prensa

«LA OBRA DE SUBIRACHS EN EL SANTUARIO DE LA  
     VIRGEN DEL CAMINO ES LOCAL, UNIVERSAL Y 
                          "CÓSMICA"»   
                
              por Jaime Rodríguez Lebrato O.P.    


Sobremesa en el convento de los P.Dominicos en La Virgen del Camino, León.
El P. Prior y el P. Rodríguez Lebrato con los demás frailes (*) y Ana Mª Ferrin. 2011
(Foto J.M.)

 "EL TACTO Y LA CARICIA. SUBIRACHS" CRÍTICA EN EL DIARIO DE LEÓN

GAUDÍ Y AQUILINO AMEZUA, MAESTRO ORGANERO



                       Si estas líneas fueran el inicio de una novela de William Faulkner, sin duda el sureño escribiría algo así:    
                  
Aquilino Amezua, un pionero...

                Y sería exacto, ya que fue un hombre con talento y reaños, aventurero, laborioso y portador del justo punto visionario que le permitía bordear el abismo sin despeñarse. Sin olvidar su presencia soberbia, que le procuró una vez viudo interesantes lances como el que provocó su marcha hacia Azpeitia desde Barcelona allá por 1892, dejando en manos de Lope Alberdi su taller constructor de órganos en la ciudad condal, donde vivía en el Pº de Gracia nº 126.


Imagen y firma de Aquilino Amezua


AMEZUA, UN GUIPUZCOANO CON DIPTONGO
(Citando a Jon Uriarte)



SAGRADA FAMILIA: DE HALCONES Y FRANCESES



                      Con la captura de una paloma aún caliente entre las garras, uno de los dos halcones peregrinos de la Sagrada Familia hace una batida por los tejados del barrio hasta perfilar un bucle, con una parada seca en una de las torres. Suelta la pieza en un escalón interior para clavar en el ave su pico de bordes afilados como navajas. Ayudado por su único diente va desgarrando las partes blandas del animal, arrancando pingajos de carne roja y oscura, goteando sangre al final de los 450 escalones, donde debido a la altura de sus cien metros ningún servicio de limpieza podría eliminar a diario los despojos y que se mantiene en condiciones aceptables gracias a los pequeños insectos, moscas, arañas, que lamen y borran las manchas. No desaparecerán las alas y las plumas de la cola de la víctima, allí quedarán, testigos mudos del diario festín de las rapaces.


El biólogo Eduard Durany en la S.Familia. (A.Mª.F.)


    CENTINELAS EN LA SAGRADA FAMILIA

TÁMARA DE CAMPOS: LOS CUENTOS DE JUAN TOCINO (1)


                     Válgame San Hipólito, ¡Cómo tengo el pescuezo!
                     O dicho en fabla de hoy, ¡Cómo tengo las cervicales!


                          Antes de nada permítanme vuesas mercedes que me presente. Me llaman Juan Tocino, nacido en Támara de Campos. Soy el mozo que aguanta el púlpito con su cabeza, el que antes trabajó en la venta de el Rebollar, el hijo de Tocino el Viejo, aquel cantero que tanto picó para San Miguel como para San Martín de Frómista…

   
Iglesia de San Hipólito el Real en Támara de Campos, Palencia. El púlpito gótico-mudéjar
reposa sobre la nuca de un personaje al que popularmente se conoce por "Juan Tocino"

REFLEXIONES DE UN PORTOR

GAUDÍ Y EL ARTE DE LA FORJA



                      De cuero negro sobre su Harley-Davidson Softail de Luxe, Chus Martínez rueda por la carretera barcelonesa de La Roca. El cielo por techo, el asfalto por horizonte, relajado, recostándose en el respaldo con las piernas estiradas, reafirmando su propia fuerza apretando las suelas de sus botas contra los pedales y dando gas con el puño enroscado en el acelerador, corre a lomos de una máquina tan suave que su motor podría  haberse montado dentro de una catedral gótica al son de la 9ª Sinfonía de Beethoven. O algo así.
                   
                       Algo así, esa sensación de libertad, debía ser la que sentían los jinetes medievales cuando marchaban al galope por los caminos, a la aventura, buscando liberar a la princesa y matar al dragón. Caracoleando por el torbellino de esa carretera conocida por lo rizado de sus curvas la imaginación puede desbocarse hasta el punto de hacerte ver lo que no es. Porque es imposible que Chus haya visto lo que ha visto, un castillo, y ante su puerta un caballero con la armadura brillando al sol, matando a un dragón que se retuerce dando coletazos con la lanza clavada en el cuello.
                     
                    Pero la visión es tan potente que el motero no puede por menos que frenar, entrar en el primer desvío, cambiar el sentido de su marcha y retroceder hasta la curva que le ha impactado. Y no puede creer lo que ve. 

Sant Jordi mata al dragón ayudado por Max y su espada. 2011 (A.Mª.F.) 

UNA HERENCIA EXQUISITA