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PINTURA ACUÁTICA. CUANDO EL ARTISTA REGRESÓ A LAS AGUAS.


                       

                             Desde Gran Canaria, Nuria Meseguer nos sumerge en el mundo onírico de su niñez, poblado por gente común con la carnalidad de héroes mitológicos, e historias que el mismo observador ensambla con lo que pasa ante sus ojos. Leyendas creadas a partir de una imagen cotidiana que ella, tras filtrarlas con su mirada, nos ofrece. Forjando las fotografías en su escenario real, Meseguer pasa a la realización en estudio. Sobre, bajo el agua, sus mundos son verdes, azules, amarillos, con algún toque distinto que alerta que ahí, precisamente ahí, se inicia un latido más o menos explícito.

   Junto a ella, fluidos e ingrávidos, otros nombres nos sumergen en aguas y  pinceles plenos de ligereza que anuncian zambillidos.  
  


La pintora grancanaria Nuria Meseguer con dos de sus obras.

TRASPASANDO EL AZUL

PINTURA SUBMARINA. CUANDO EL HOMBRE REGRESÓ AL FONDO DEL MAR




                                 En 1838 nacía en Austria el barón Eugen Von Ransonnet-Villez en el seno de una familia de mariscales y altos cargos del Tribunal Supremo. En aquel ambiente pleno de gravedad, las aspiraciones del joven inquieto que deseaba dedicarse a la pintura no estaban bien consideradas. Quedaban bien para acercarse un día a las montañas o la campiña, plantar  el caballete y pasar el día captando una nube o un matojo de lavanda. Pero hasta ahí.

  En ese contexto, su acercamiento a la Escuela de Bellas Artes tuvo la brevedad que se esperaba. El imperativo familiar imponía estudiar leyes y de ahí, ingresar en el funcionariado de Exteriores hasta desembocar en la carrera diplomática. Una vez con el futuro bien situado, el barón dio un giro a su vida para dedicar el tiempo libre al buceo por los mares de Asia y este de Europa. 

   Más tarde se interesó por la pintura, la fotografía y la litografía, aunando todas sus aficiones para la captación de imágenes marinas. Ayudado por un medio de su invención basado en otro invento anterior del pintor Franz Kessler, Von Ransonnet ideó una campana de buceo de la que pendían un asiento y seis balas de cañón como lastre. También llevaba conectado un tubo que le suministraba aire desde un bote. Y un ojo de buey por el que observaba la vida submarina y tomaba las notas que luego le servían para componer sus cuadros.

 Su visión adelantada sobre las posibilidades del turismo de buceo, unido a las artes, lo convierten en el auténtico pionero de la pintura submarina y subacuática.

  Sus escritos publicados sobre el tema son anteriores a los de Jules Verne, lo que nos lleva a especular si fueron conocidos por éste, sirviéndole de inspiración para su obra universal Veinte mil leguas de viaje submarino.

   Veamos una muestra de sus obras y las de sus principales continuadores.   


   
Imagen del barón Eugen Ransonnet-Villez. Sobre estas líneas su obra Sri Lanka muestra corales verdes hoy casi extinguidos
La campana de buceo de Franz Kessler en 1616, con arneses y una gran bola de lastre

Proyecto primitivo de Von Ransonnet para su campana de buceo

Reproducción de la campana de Von Ransonnet. Museo de Hª Ntral. Viena


INICIO DE UNA PASIÓN

ARTE LATTE. CUANDO LA IMAGINACIÓN ACECHA




                                Agazapada. Macerándose en la mente del camarero que hubiese deseado ser artista plástico pero no contó, ni con medios, ni con ese contacto que lo situara en el lugar adecuado.                 

         Así y todo existe, no se seca, sigue viva, esperando su tren... 

         Hoy llegó el momento.
                
¡Un café con leche!

                ¡Un cortado!

                ¡Con doble de crema!

                ¡Corto!

                            ¡Laaaargo!


Larga vida a La Creatividad. 




TODO EMPEZÓ CON UNA FRASE...

(2/2) CON SANDINO EN NICARAGUA . EDÉN PASTORA, "COMANDANTE CERO"




Continúa...


                            Mi vecino del vuelo Miami-Managua con el que habíamos intercambiado algunas palabras antes de embarcar, durmiéndose rápidamente a continuación, despertó cuando llevábamos una hora de trayecto. Levantó el ala del sombrero que le cubría la cara, soltó un escueto buenastardes y poco a poco fue volviendo a la vida con un particular sentido del humor. 

  - Debo haber dormido mucho... Igual ya es hora de volver a votar...-. Me señaló con un dedo: -Usted, ¿a quien votaría?      

   Sorprendida, sólo se me ocurrió responder:

   -En Nicaragüa no sabría decirle... A quién sea el menos malo... Aunque le aviso de que estamos en agosto de 1997 y me parece que usted se ha pasado de largo las votaciones de enero. Por si no lo sabe, ahora gobierna Arnoldo Alemán, del Partido Liberal.   

  -¿Ese? No, no. Habría que votar a algún Somoza, sin dudarlo.

  - ¿Quiere decir? No tengo muy buenas referencias del apellido. Además, pensaba que ya no quedaba ninguno.

   - (Chascó la lengua). Qué mal informada está usted. Todos los países tienen una remesa de Somozas en espera de su momento. A los que no hay que votar es a los Nueve Comandantes Sandinistas.

   -¿Por qué? 

   - Mire usted. La familia Somoza y sus amigos se pasaron más de 40 años en el poder, robando todo lo que pudieron. Así que a esos ya los teníamos cebados y ricos. Pero, ¿qué me dice de los Nueve Comandantes? Todos venían con hambre, cada uno con su ristra de hermanos, hijos, cuñados tontos, yernos listos, amantes, amantes de sus amantes, familia de sus amantes... Y tuvimos que volver a empezar. Imagínese. Destruir y volver a construir. ¡Y a nueve, nada menos! Sólo pensarlo, ya me agoto. Así nos tienen. Agotados...       

   Nunca me había parado a pensar en esa faceta de la política. Pero vista así, la teoría del individuo pedía un estudio a fondo, quizá hasta una tesis. Me giré hacia la ventanilla para contemplar las nubes, entrando en elucubraciones que veinte años después aún no me han abandonado.                             

Edén Pastora explica gráficamente su técnica negociadora, la del Güegüense, personaje de la picaresca local. (AMªF)
Por San Sebastián, los Güegüenses de Nicaragua toman las calles.


EDÉN PASTORA Y LA TEORÍA DEL GÜEGÜENSE

CON SANDINO EN NICARAGUA. EDÉN PASTORA, EL "COMANDANTE CERO" (1/2)




                                                   Volvíamos a Managua después de unos días de visitas y entrevistas en varias localidades del interior. Como yo tenía concertada una cita con Edén Pastora, el legendario Comandante Cero, nos habíamos puesto en carretera con tiempo de sobra para para llegar pronto y pasar primero por el hotel. Pero las diversas complicaciones del pequeño viaje iban devorando las dos horas de más con que contábamos, por lo que al ver incorporarse a la carretera delante nuestro a un viejísimo camión ruso soltando un chorro de humo negro, mi marido echó un vistazo a la vía, comprobó que estaba desierta en los siguientes  kilómetros de los dos sentidos y decidió cruzar la línea continua para adelantar al renqueante vehículo que bordeaba los 30 km, cegándonos el parabrisas con las pellas de arena mojada que desprendía su volquete sin cubrir.

   De repente, desde un grupo de media docena de árboles surgió un coche de policía que nos adelantó al son de la sirena, haciéndonos señales para que nos detuviéramos. Parados en la carretera sin un alma, mi primera reacción fue la de quitarme del pecho el micrófono dejándolo resbalar hacia el regazo, junto a la grabadora en la que durante los viajes aprovechaba para ir registrando anécdotas e impresiones de los encuentros. Abrí mi cuaderno de notas para tapar todo el conjunto, cuando ya el policía nos indicaba que bajásemos el cristal.

   El hombre de veintipocos años empezó a reconvenirnos por la infracción en un tono desmesurado, dada la nula importancia de la falta, comunicándonos que se veía obligado a retirarnos el carnet de conducir y que el importe de la multa que debíamos pagar era de 1.500 ptas. El robo era tan evidente que mi marido se quedó mirandolo a los ojos muy fijo, en silencio, recuperando la memoria militar de sus años juveniles cuando estudiaba en la Escuela de Transmisiones del Ejército

   Dice un refrán africano que los leopardos identifican en las manchas de la piel a los componentes de su clan. Y algo habrá  de cierto en el dicho, porque el agente pareció captar partículas que le provocaron una alarma evidente, lanzándose a unas explicaciones aceleradas que nadie le había pedido. Entre otras, cómo teníamos que rellenar el volante que arrancó de un talonario, dando todos sus datos: -Aquí pone usted mi nombre, yo soy el agente Fulano de Tal, número tal. Aquí el suyo. Aquí su número de pasaporte, etc, ...

   Mi compañero hizo un leve gesto con la mano para tranquilizarlo, insinuándole que, como teníamos prisa por una cita y no conocíamos el camino, le quedaríamos muy agradecidos si pudiera rebajar la cantidad, encargándose él mismo de hacer la gestión. -Ya sabe, cuando uno está fuera de su casa todo parece más complicado...-, le dijo. Más tranquilo, el hombre aceptó, contestando que lo primero que haría con ese dinero sería ir a poner combustible al coche. -Porque, ¿sabe? a veces no puedo ponerlo en marcha por falta de presupuesto-, añadiendo que la piñata, la corrupción, es el mal de Nicaragua. Y que sólo había un tipo honrado en todo el país que nunca se había aprovechado del Poder, el Comandante Cero.

   Ambos cumplieron su parte de la transacción, los tres nos dimos la mano y nosotros emprendimos el poco camino que nos quedaba de vuelta. Después de unos kilómetros, cuando recobré el aliento le pedí a mi conductor que parase. Solté el suspiro que a punto estuvo de ahogarme durante el tiempo que duró la parada, porque la grabadora se había quedado abierta y sin que ninguno de ellos lo advirtiera, había ido registrado toda la conversación con el guardia, emitiendo una leve vibración sobre mis piernas que gracias a tener el motor en marcha y al sonido de las voces, los conversadores no advirtieron. Sólo yo viví la angustia, la posibilidad de que una chispa de mala suerte hiciera que el agente nos mandara parar y bajar del coche, descubriendo la grabación. 
   
   De ser así, en la soledad de aquellos parajes y él creyendo que estábamos haciéndolo para probar la corruptela... Por poco me provoca un colapso.  

   Un par de horas más tarde, sentados en una sala de su casa escuchaba hablar a Cero con su camisa blanca sin mancha, callando por mi parte el encuentro mañanero que mi marido y yo acabábamos de vivir. Mientras no dejaba de pensar que incluidos el policía y nosotros dos en la solitaria carretera, tres corruptos, ahora se encontraba frente a mí la camisa que no podría jurar si era la del único hombre feliz del cuento, pero quizá sí, como tantos aseguraban, la del único hombre honrado de Nicaragua.
     
Testimonio gráfico tomado con más entusiasmo que acierto. Pastora y la autora conversan en casa del Comandante.
Junto a Pastora, su inseparable maletín.
...Miró a ambos lados de la carretera y los vio sin un alma...


MILITAR, EJECUTIVO Y FAMILIAR

TENDIDA EN LAS NUBES


                  
                                                                 En un mundo erizado de prisiones,
                             sólo las nubes arden siempre libres…

Nubes. José Emilio Pacheco



REEDICIÓN

                         

                            Lo confieso, pasé mi adolescencia oyendo decir a menudo que yo vivía con la cabeza en las nubes. Y era tan verdad como que muchos domingos me pasaba la mañana tumbada al sol en la azotea sobre una toalla, fabulando y viéndolas esquivar los campanarios barceloneses de Santa Mª del Mar mientras sus contornos se deshilachaban. La culpa no era mía, era del párroco de esa iglesia que un día nos acompañó a los niños de las caramellas a una excursión a las viñas de Alella. Y mientras comíamos, sentados en un bancal junto a unas cepas reventonas, se le ocurrió dirigir nuestra atención hacia los ovillos blancos que flotaban sobre nuestras cabezas (*).

                         -  ¿ Véis esas nubes que son más anchas que altas? Son "cúmulos"...

  
El caminante sobre el mar de nubes, de Casper Davis Friedrich. (museografo.com)



LAS NUBES, 
QUINTAESENCIA DEL ARTE EFÍMERO